¡PARA LEER! Fidel y el Gabo, cuando la pluma y el socialismo se unen en una amistad (+Fotos)

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Se conocieron en enero de 1959, cuando ambos, con siete escasos meses dediferencia, tenían poco más de 30 años. Foto: Agencia.

“A Gabo lo conozco desde siempre, y la primera vez pudo ser en cualquiera de esos instantes o territorios de la frondosa geografía poética garciamarquiana. Como él mismo confesó, llevó sobre su conciencia el haberme iniciado y mantenerme al día en ‘la adicciónde los best-sellers de consumo rápido, como método de purificación contra los documentos oficiales’. A lo que habría que agregar su responsabilidad al convencerme no sólo de que en mi próxima reencarnación querría ser escritor, sino que además querría serlo como Gabriel García Márquez, con ese obstinado y persistente detallismo en que apoya como en una piedra filosofal toda la credibilidad de sus deslumbrantes exageraciones. En una oportunidad llegó a aseverar que me había tomado dieciocho bolas de helado, lo cual, como es de suponer, protesté con la mayor energía posible”, Fidel Castro.

Gabriel García Márquez aseguró que se conocieron en enero de 1959, cuando ambos, con siete escasos meses dediferencia, tenían poco más de 30 años, en una visita que hizo el entonces joven periodista colombiano a la isla con el objeto de cubrir la llegada al poder de los guerrilleros “barbudos” que comandaba Castro.

Pero muchos analistas aseguran que su historia común pudo haber comenzado muchos antes, en Colombia en abril de 1948: al día siguiente del asesinato del político liberal Jorge Eliécer Gaitán, Fidel Castro y Gabriel García Márquez, ambos de 21 años, participaron en la revuelta que pasó a la historia con el nombre de “El Bogotazo”. “Ninguno tenía noticias del otro. No nos conocía nadie, ni siquiera nosotros mismos”, recordó Castro en un artículo publicado en 2002 con ocasión del lanzamiento del libro Vivir para contarla del Premio Nobel de Literatura.

fidel-castro-gabriel-garcia-marquez-cuba-6-jpg_736776827“La nuestra es una amistad intelectual, cuando estamos juntos hablamos de literatura”, dijo Gabo en 1981 -un año antes de recibir el Premio Nobel- para explicar cómo eran sus encuentros.

Gabo fue un crítico de las dictaduras y los regímenes autoritarios de derecha de América Latina, una de las causas a las que se le atribuye que permaneciera siempre fiel a esa amistad con Fidel Castro, incluso a veces a riesgo de ser criticado.

Los escritores Ángel Esteban y Stéphanie Panichelli en el libro “Gabo y Fidel: el paisaje de una amistad”, describen a García Márquez como un “obsesionado por el poder, los caudillos y la mediación diplomática del más alto rango”, que vio en el patriarca cubano el modelo a partir del cual América Latina podría construir algún día un socialismo propio, una sociedad feliz sin clases ni diferencias, más rousseauniana que marxista.

Señalan que, aunque el escritor declaró su desencanto por el socialismo soviético en 1971, vio una esperanza en el proyecto de Fidel Castro: “Gabo estaba convencido de que el líder cubano era diferente a los caudillos, héroes, dictadores o canallas que habían pululado por la historia de Latinoamérica desde el siglo XIX, e intuía que sólo a través de él esa Revolución todavía joven podría cosechar frutos en el resto de los países americanos”.

gaboyfidel2-jpg_17184833461Su quizá más enconado y reconocido detractor, también Nobel de laliteratura, el peruano Mario Vargas Llosa, le tildó de “lacayo” de Castro: “Es un escritor cortesano de Fidel Castro, al que la dictadura muestra como una coartada en el campo intelectual, y él se ha acomodado hasta ahora muy bien con todos los abusos, los atropellos a los derechos humanos que ha cometido la dictadura cubana, diciendo que, en secreto, él consigue la liberación de algunos prisioneros políticos. Para nadie es un secreto que Fidel Castro les regala a sus cortesanos y amigos algunos presos políticos de vez en cuando. Eso le lava la conciencia (…)”.

Según recuerda un ensayo de Enrique Krauze, como respuesta García Márquez declaró que su adhesión al régimen cubano era similar al catolicismo: “una Comunión con los Santos”.

Los analistas aseguran que Fidel y el Gabo compartían secretos del poder, realizaban gestiones políticas y se lanzaban en delicadas misiones diplomáticas.

“El líder cubano no ha tenido un intelectual en la isla con el carisma y la habilidad para interceder por la Revolución cubana como lo hace el Nóbel de la literatura ante gobiernos y jefes de Estado”, reseñó Sandra Bibiana Flórez en su trabajo: “Castro y García Márquez, la mutua fascinación”, donde también asegura que eran una especie de llave perfecta pues el Gabo siempre sintió una fascinación por la política acompañada por la magia de lo lejano, y esta amistad le permitía entrar en las esfera del poder para influirlo con la libertad que otorga el no tener un cargo.

No obstante y hasta el final el escritor colombiano Gabriel García Márquez –premio Nóbel deLiteratura– aseguró que su hermandad se debía simplemente a una gran afinidad personal, intelectual y literaria.

gabo1“Nuestra amistad fue fruto de una relación cultivada durante muchosaños en que el número de conversaciones, siempre para mí amenas, sumaron centenares”, aseguró Fidel Castro en 2008 cuando recibió a Gabo y su esposa Mercedes, dos años después de la crisis de salud que lo llevó a dejar el poder en 2006.

García Márquez, quien fijaría largo tiempo su domicilio en La Habana, participó en 1959 en la formación de la agencia cubana Prensa Latina y en 1986 en la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano y de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, 30 kilómetros al suroeste de La Habana, que ha formado a generaciones de cineastas.

César Leante en su libro Gabriel García Márquez, el hechicero, coincide: “Gabo es considerado en Cuba como una especie de ministro de cultura, jefe de cinematografía y embajador plenipotenciario, no del Ministerio de Relaciones Exteriores, sino directamente de Castro, que lo emplea para misiones delicadas y confidenciales que no encarga a su diplomacia”.

El Nóbel “estuvo muy cerca de las negociaciones para la firma del tratado del Canal de Panamá (1977) (…) Concluidas las negociaciones, Gabo siguió muy de cerca el cumplimiento de los acuerdos y, sobre todo, el equilibrio de la zona del Caribe y América Central, donde Cuba ocupa el lugar de la reina”, aseguran los autores.

gabo3“En 1977 Gabo viajó a Caracas para hablar con el presidente Carlos Andrés Pérez. La idea era lograr el apoyo del mandatario venezolano en la ofensiva que lanzaría el sandinismo contra la Guardia Nacional de Anastasio Somoza. El intelectual venezolano Teodoro Petkoff relata que en la segunda mitad de los años70, Gabo lo llamó para decirle que iría de incógnito a Caracas, estando allí le dijo que era Fidel Castro quien lo había enviado y no los sandinistas”, recoge el trabajo de Florez.

Otra misión reseñada ocurre, en 1994, cuando García Márquez interviene en resolver con Estados Unidos la llamada Crisis de los Balseros. Esteban y Panichelli citan el relato del escritor cubano Roberto Fernández Retamar, presidente de Casa de las Américas: “Con la salida masiva de isleños hacia las costas de Florida se temía una nueva crisis parecida a la del Mariel, y Clinton habló con el presidente mexicano, Carlos Salinas de Gortari, para llegar a una solución, sabiendo que las relaciones entre México y Cuba eran muy buenas. Éste se puso en contacto con Fidel, el cual acudió con García Márquez, una vez más, como ministro, embajador, diplomático, comodín y negociador plenipotenciario de las crisis cubanas”.

De hecho, García Márquez se reunió en dos ocasiones con el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. En la primera reunión, el Nobel estuvo acompañado por el escritor mexicano Carlos Fuentes y por el exsecretario de Relaciones Exteriores de México, Bernardo Sepúlveda. El mandatario estadunidense los escuchó atentamente, pero no contestó ninguna pregunta relacionada con Cuba. “A la vuelta, Gabo le dijo a Fidel algo así: ‘Clinton no habló de Cuba, pero lo que no dijo fue esperanzador’”, según contó el escritor español Manuel Vázquez Montalbán en su libro Y Dios entró en La Habana.

Vázquez Montalbán asegura que en la segunda reunión entre Clinton y Gabo éste quedó con un mal sabor de boca: “Es muy oportunista, sólo tiene en cuenta las elecciones, pero no tiene una filosofía claramente contraria a levantar el bloqueo, y si no lo levanta es para no crearse problemas políticos”, habría dicho el escritor colombiano.

En su libro “El caso perdido”, el escritor, periodista y diplomático colombiano Plinio Apuleyo Mendoza calcula en unos 3 mil 200 los presos liberados por gestiones de Gabo.

gabo2En una entrevista citada por Esteban y Panichelli, García Márquez le dijo al periodista estadounidense Jon Lee Anderson que había ayudado en una gestión que terminó con la salida de Cuba de más de 2 mil personas. “Yo sé qué tan lejos puedo llegar con Fidel. A veces me dice ‘no’. A veces viene más tarde y me dice que yo tenía razón (…) A veces voy a Miami, aunque no con frecuencia, y me he quedado en las casas de gente a la que he ayudado a salir”.

Gabo admitió que ayudó con la liberación del dirigente religioso Reynol González, quien pasó 15 años en prisión en Cuba. Según relató Gabo a Anderson, una vez libre, González entró a formar parte de una de las comisiones negociadoras de los exiliados y volvió a Cuba para contribuir en la salida de 45 presos más. “Hace poco me llamó desde Miami para contarme que había vuelto y estaba muy contento. Le pusieron automóvil, casa de protocolo, e incluso conversó tres horas con Fidel”.

También gracias a los oficios de García Márquez, el escritor cubano Norberto Fuentes, logró salir de Cuba a mediados de los años 90. “Fuentes era amigo cercano del general Arnaldo Ochoa y del coronel Tony de la Guardia, ambos fusilados en La Habana en 1989 después de que un Tribunal Militar los juzgó por realizar actividades de narcotráfico.

gabo11Reseñan que cuando Castro ordenó la detención de Tony de la Guardia y la de otros implicados el Nóbel viajó de México a La Habana para conocer de cerca el caso y abogar por la vida de los condenados, pues siempre se ha opuesto a la pena de muerte. Andrés Oppenheimer cuenta en su libro La hora final de Castro que la gestión del escritor colombiano fue infructuosa.

“De pie en el umbral de la casa del Gabo (en La Habana), agitando las manos para subrayar sus palabras, Fidel comenzó a explicar la equidad de los procedimientos legales que habían terminado con el veredicto de la corte marcial. Dijo que la opinión unánime del tribunal había sido que Ochoa y Tony de la Guardia merecían morir.

–He consultado con todos los organismos del Estado, y encuentro una abrumadora mayoría a favor del fusilamiento–, le dijo Castro.
–¿No crees que ellos lo dicen porque piensan que tu quieres eso?–preguntó García Márquez
–No, no lo creo–, respondió Fidel.

“García Márquez estaba triste cuando Fidel se despidió y se alejó. Estaba convencido de que el Consejo de Estado no salvaría las vidas de Ochoa, Tony de la Guardia y sus ayudantes”, relató Oppenheimer.

gabo12Así es como la amistad sirvió a Fidel como puente diplómatico en el mundo y a García Márquez para realizar, con suma discreción, algunas gestiones políticas y otras de carácter humanitaria.

Aunque no los gustos, ambos también compartieron el amor por la gastronomía, solo que mientras al colombiano le fascinaba el caviar, la Veuve Clicquot o la langosta, que servía de manera generosa en su casona habanera, el comandante prefiere el bacalao y el vino tinto.

Algunos analistas aseguran que la solidez de su amistad se basó en que los dos compartieron frustraciones paralelas: el Gabo por ser político y Fidel por ser periodista.

En un texto titulado “El Fidel Castro que yo conozco”, Gabriel García Márquez destacó “su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Fatigado de conversar, descansa conversando”.

cuba-fidel-y-gaboMientras al Gabo, Fidel lo describió como “un hombre con bondad de niño y talento cósmico… un hombre de mañana, al que agradecemos haber vivido esa vida para contarla”.

Gabo, quien recibía en su hogar de La Habana frecuentes visitas nocturnas de Fidel, relató que una de esas noches, contó el escritor colombiano en 1988, le preguntó qué era lo que más le gustaría hacer en el mundo. “Pararme en una esquina”, le respondió inmediatamente Fidel.

“Soy amigo de Fidel y no soy enemigo de la revolución. Eso es todo”, dijo en una oportunidad García Márquez, según relata el libro Gabo y Fidel. Eran tan cercanos que, dicen, García Márquez mandaba los borradores de sus novelas a Fidel para que los leyera antes de publicarlos.

García Márquez compartió historias de vida con escritores como Mario Vargas Llosa, Alvaro Mutis, Carlos Fuentes, Julio Cortázar y Pablo Neruda y también del director español Luis Buñuel.
Pero ninguna alianza personal lo marcó tanto como la que cultivó durante medio siglo con Fidel Castro, una historia que cuenta cuando el socialismo y la pluma se han unido en una sola amistad.

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Fotos: Agencias

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